¿Somos acaso un Estado?

Me propongo reflexionar sin dar ninguna respuesta, ya que esto iría en contra de a lo que mis propias reflexiones apuntan. Dar respuesta sería pues como hacer un estado de la aparente solución encontrada. Y digo aparente puesto que me voy animando a diferenciar aquello que hay de aquello que yo percibo, o de aquello en lo que yo pienso o de aquel lenguaje que uso al pensarlo o hablarlo. Por el contrario, dejar que una reflexión apunte en una dirección es más bien ofrecerle una capacidad de movimiento que le permita a ella misma continuar su viaje y dejarla ser vivida con todos sus posibles cambios, incluso de dirección, los continúe yo o seas tú mismo/a.

Con estado me quiero referir a esa idea de estar de una determinada manera fija o de no dejarnos ser más que de una manera que corresponda a la propia autoimagen creada por nosotros mismos. Con cierto humor podríamos decir que cualquier similitud de significado de estado con su uso político es una coincidencia, no sea que se nos quede el alma atrapada en tanto control, organización, institución, norma, autoridad, administración o territorio en propiedad.

Un ejemplo evidente de nuestra bien lograda educación de estado es esa idea de lo que es el bienestar. Hacemos de la idea de Estar bien o de Felicidad un estado inmóvil que debe mantenerse permanentemente sin ninguna oscilación, lo cual nos lleva sin remedio a vivir la frustración, la desazón. Estamos intentando subir una montaña y hacer la foto inmortal del logro, y, mientras nos apegamos al momento con las dos manos aferradas a la bandera, invitamos a la muerte con la instantánea, ¿acaso no tendrás que volver a comer, abrigarte o ir más al baño? ¿Acaso no hay más cosas por vivir? No importa tantos sean nuestros esfuerzos, en cualquier caso, la tarea de esta permanencia parece imposible puesto que nosotros no funcionamos de manera distinta a como lo hace el universo.

Si vemos cómo funciona nuestra respiración vemos claramente que no podemos permanecer siempre en la inhalación o expansión ya que moriríamos por exceso de plenitud, asfixia. Es necesario soltar para tomar y tenemos la capacidad para ambas cosas, inhalar y exhalar. Es un baile equilibrado que permite la vida. De la misma forma nuestra capacidad de gozar es la misma que la de experimentar dolor. Nuestra capacidad de acción se corresponde a la de regeneración o descanso. Ocurre lo mismo con la práctica de asanas en las que permitimos el equilibrio con el concepto de stira-shuka (relajación-firmeza) y que integra estas polaridades de una manera en la que no solo conviven sino que sustentan la experiencia de la postura como las otras sustentan la experiencia de la vida.

Nuestra conciencia se expande y se retrae para mantener su equilibrio vital. Pero si al ampliar nuestra conciencia nos creemos que ya podemos darnos cuenta de todo y en todo momento nos meteremos en un problema y seguramente seremos un peligro para otros, ya que en la vida todo es un constante fluir entre flujo y reflujo, expansión y contracción, contacto y retirada. Algunas veces buscamos el tener una conciencia perfecta complicando más y más el asunto cuando estamos ya inmersos en ella, que por sí sola ya derrumba la idea de tener que ser de ninguna manera. El ampliar nuestro darnos cuenta nos ofrece ir desvelando falsedades pero para ello tan importante es el momento de la visión del vuelo como el de buceo en la propia sombra. El verdadero equilibrio está hecho de un juego de desequilibrios que se compensan de manera dinámica y que no parecen constituir ningún estado fijo e inmóvil.

Por lo tanto no se trata de alcanzar un estado concreto sino de liberar el movimiento de flujo y reflujo que nos permita vivir nuestros diferentes procesos o sus emociones, disfrutando de lo que cada una de ellas conlleva, ya que todo tiene su momento. Dejarnos vivir la tristeza o la soledad es tan necesario como dejarnos vivir la alegría y la compañía, y además podemos atrevernos a combinar soledad y alegría o, más bien, soltar lo aprendido y dejarnos vivir una mayor y más espontanea riqueza interior. ¿Acaso por estar triste respecto a algo no podemos estar alegres respecto de otras cosas? ¿Acaso por tener una autoimagen y pese a nuestros intentos de control al respecto dejamos de ser un infinito de posibilidades que además pueden darse de manera múltiple y a la vez?

Volviendo a lo de estar bien, habríamos de intentar desdramatizar el asunto, no sea que siempre parezca que andamos en problemas cuando solo estamos vivos. Como yoguis tal vez algunas veces pretendemos estar siempre en la luz o relajados como si estar en algún momento confusos o tensos supusiera haber hecho algo mal. Pero solo lo que fluye se puede atascar y solo lo que está relajado se puede tensar. Insisto en no dramatizar el flujo, a veces estar tenso, algo nervioso o ponerte enfermo no tiene porqué significar tener un gran problema o no haber hecho las cosas bien, tal vez solo sea firmeza, intensidad resolutiva o que las cosas te importan, tal vez sea el despertar de tu energía hacia un nuevo darte cuenta, tal vez estés trasmutando algo más allá de tus razones o tal vez sencilla y nuevamente, estés vivo y no puedas saber nunca su misterio pero sea por eso más hermoso y, tal vez, si lo vivimos con naturalidad, nos enamoremos de la vida como proceso sin necesidad de aderezos, sustitutos ni banderas.

A mí ver la posibilidad de hacer preguntas sin la necesidad de llegar a una firme respuesta da espacio de juego en la vida, sencillez y ligereza a la capacidad de trascendencia.

Siri Tapa

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