La maternidad o el encuentro con la propia sombra

Laura Gutman es psicoterapeuta familiar y psicopedagoga, discípula de Françoise Dolto y Michel Odent. Se especializó en las temáticas de maternidad, lactancia y vínculos familiares. En este libro, busca “acercar la experiencia vital de la maternidad como vibración energética, más que como pensamiento lineal”.

El libro reposa sobre la siguiente premisa: el niño pequeño vive en estado de fusión emocional total con su madre (y luego otras figuras de apego), necesaria para su construcción como persona. ¿Qué consecuencias tiene esto sobre nuestra manera de entender la gestación, el parto, el puerperio y la pequeña infancia? ¿Sobre la crianza?

Según ella y apoyándose en su amplia experiencia profesional, sólo entendiendo el niño como “ser fusionado” podemos entender su comportamiento como revelador de los aspectos emocionales inconscientes de la madre, lo que Jung ha llamado la “sombra”. Sólo al hacer la madre un trabajo de consciencia y responsabilizarse de sus conflictos, (lo que ojo, no implica resolverlos, sino tomar consciencia) puede liberar al bebé de ellos.

Además, “utilizar las manifestaciones del bebé como reflejo de la propia sombra es una posibilidad como otras para el crecimiento espiritual de cada madre”. La maternidad nos brinda pues una experiencia única de crecimiento, de mirar hacia dentro y de sanar.

Desde esta perspectiva el libro va arrojando una nueva luz sobre experiencias habituales en la crianza, como puede ser la tristeza en el puerperio y la depresión post parto, el llanto y los cólicos, los trastornos en la lactancia o en el sueño, las enfermedades infantiles, la crianza, el papel del padre (o de la(s) figura(s) de apoyo a la madre), los caprichos, etc. dando además numerosos y gráficos ejemplos de cómo los bebés y niños pequeños expresan los conflictos inconscientes de los adultos que los rodean.

Tres ejes cruzan todo el libro, muy aconsejable para quien quiera saber más de temas de crianza natural/crianza respetuosa y de sí-mismo como madre o padre consciente.

Primero, el retorno hacia la sabiduría intuitiva de la “mujer salvaje” que llevamos dentro (suenan acentos de Pinkola Estés cuando dice “cuando las mujeres nos apartamos de la fuente básica, perdemos los instintos y los ciclos vitales naturales quedan sometidos a la cultura o al intelecto o al ego, ya sea el propio o el de los demás”); sólo el contacto íntimo con el Ser nos protege de la ingenuidad. Este lado infantil del psiquismo femenino, esta niña interior desvalida, que “no sabe”, es fácilmente atropellada por cualquiera que nos aconseje cosas que van en contra de nuestra naturaleza y de nuestros deseos profundos, ya sea en temas de parto, lactancia, crianza (y abundan los consejos no deseados, proyecciones y opiniones en este periodo). Para ser madres, necesitamos el apoyo de la mujer salvaje, sabía que llevamos dentro y la conexión con su profundidad emocional consciente que nos guíe.

Ahí llegamos al segundo punto recurrente: la consciencia como proceso sanador y como base de una comunicación verdadera, respetando el derecho a la verdad de nuestros hijos: “Y más imprescindible aún, hablemos con los niños sobre lo que nos pasa, lo que sentimos, sobre el origen de nuestras preocupaciones, (…) los regalos y las pérdidas. (…) Hablemos porque nuestros niños nos escuchan. Nos comprenden y nos protegen. Y, sobre todas las cosas, cuando ellos manifiestan las preocupaciones que son nuestras, sólo hablando con claridad de ellas, los separamos de la emoción. En la medida en que escuchan la situación conflictiva, contada por su mamá, pueden separarse de la angustia.” La verdad del corazón como remedio a todos los conflictos no dichos que el bebé o el niño o niña hace suyos en un afán de proteger a su mamá.

Y el tercer eje, más alejado del título tal vez, pero al final no tanto, ya que sólo es un aspecto común y social de la misma sombra , es el cuestionamiento: ¿Son razonables las exigencias de la sociedad actual hacia los niños? ¿Hacia las madres? ¿Qué necesitan realmente los niños? ¿Qué modelo de sociedad permitiría criar humanos más felices y por ende una sociedad más humana? Y ahí os dejo unas últimas palabras que resonaron perfectamente con lo que siente mi mujer salvaje interna: “El futuro o el éxito de los niños en una sociedad competitiva depende más de la estructura emocional, del amor, de la mirada, de la contención, de la comprensión de su ser niño y del juego creativo que del inglés que pueda aprender a los cuatro años.”


Myriam Lebourg

Doctora en Ciencia de Materiales. Acupuntora y Terapeuta de Medicina Tradicional China. Profesora de Hatha y Kundalini Yoga. Practicante de Meditación Sanadora Sat Nam Rasayan.

 

 

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