La postura más compleja del mundo

En pleno siglo XXI, una anciana rishika se despedía así de sus tres discípulas:
—Hemos llegado al término de vuestro aprendizaje, por lo que a estas alturas sabréis bien qué ásana es la más difícil de realizar. Decidme cuál, antes de iniciar vuestra marcha.

La discípula de más edad dijo:
—Maestra, la que más dificultad entraña sin duda es Astavakrásana, que exige gran fuerza y el máximo de equilibrio.
Y, sosteniéndose con esfuerzo sobre los brazos, ejecutó el ásana.
—Pues yo —dijo la segunda alumna— considero que Supta Kurmásana es todavía más compleja, pues añade a la fuerza la necesidad de ser flexible.
Y echándose al suelo encorvó su columna hasta conseguir componerla.
La discípula mayor, creyendo que su ásana quedaba en desventaja, propuso otra más complicada, lo que hizo que su oponente acometiera una nueva, entrando ambas en una espiral de torsiones imposibles y equilibrios prodigiosos, que mostraban a la rishika con mucho ardor y tenacidad.

Cuando hubo pasado un buen rato, la maestra las interrumpió y solicitó el parecer de la discípula más joven de las tres.
—Hay un ásana —dijo ésta— que por más que lo he intento no logro dominar. He detectado que es la que más teme mi ego y más en jaque pone mi identificación con él. Pues sabe que en ella nada tiene que demostrar, y se resiste a ceder el control y quitarse de en medio, incluso por unos minutos. Su nombre es Savásana, la postura del cadáver.

La rishika entregó un merecido diploma a las dos primeras alumnas, y rogó a la última que siguiera adiestrándose con ella, con el fin de avanzar y alcanzar un nivel más distinguido en su dharma.

Varuna

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