La tradición no puede ser nombrada

LA TRADICIÓN NO PUEDE SER NOMBRADA Éric Baret
Conversación con Jean Bouchart d’Orval en Montreal, 1996


¿Puedes hablarnos de la tradición de Cachemira?

Todo lo que se podría decir sobre esta tradición sería un insulto para ella. Ella es el reflejo directo de la no-dirección, el presentimiento profundo de no tener nada que lograr, de que todo está ya conseguido. Cualquier aspecto que se destaque, que afirme, que transmita información, que enseñe o requiera cualquier cambio, es simplemente un depósito de datos; no forma parte de lo que en Oriente es considerado como una mirada tradicional.
La tradición se expresa a través de una forma codificada a la que no debemos aferrarnos. Sólo hay escucha, una escucha que no sabe nada, que no espera nada. Sólo hay una mirada inocente, una mirada que no puede ser encerrada. Así como toda incitación a un cambio de comportamiento o de pensamiento sólo estimula el alejamiento, una tradición que requiera que un ser humano haga algo acentuaría lo que el ser humano no es.
Una verdadera tradición pone el acento sobre lo esencial, lo fundamental en el ser, lo constante. ¿Qué es constante en nosotros? ¿Qué es en nosotros independiente de las características psicológicas y fisiológicas?
La tradición no puede ser nombrada. Cuando escuchas un adagio de Mozart, no escuchas realmente los instrumentos, sin saberlo sientes el silencio. En la ejecución de una representación de danza, el artista está totalmente disponible para el movimiento; pero es la inmovilidad lo que realmente hace que uno sienta la belleza. Del mismo modo, desde el exterior, se podría hablar de una formulación cristiana, musulmana, taoísta o shivaísta; pero el que respira esta tradición no se siente atado a ella, no se siente atrapado por su coloración. Ni siquiera debería saber en qué tradición está participando. No se pone énfasis en la forma. Un sufí que se sabe sufí no es un verdadero sufí.
Necesitados de seguridad, buscamos un «gran maestro», una tradición muy antigua o célebres textos. Pero todo es parte del mundo profano. La verdadera tradición enfatiza la belleza, la alegría. Esta belleza y esta alegría se expresan por la voz, por la música, por la danza. En yoga todo es movimiento. Para entender el movimiento, uno también debe presentir el no-movimiento. La alegría es la gran armonizadora de todos los ritmos del cuerpo, de todas las respiraciones.
En Oriente, la conciencia de las respiraciones y sus expresiones en la vida son muy pronunciadas. Desde el punto de vista de la función social, uno puede, por supuesto, volverse especialista en una tradición, para señalar en qué momento algunas personas fueron sacudidas por su formulación. Incluso se puede escribir sobre esta tradición, publicar la biografía de las personas que la han expresado. Estas actividades son legítimas, como todas las actividades humanas, pero esto no concierne a la tradición. Los libros de música no se refieren al presentimiento de la alegría que se siente en un concierto. Las publicaciones sobre Mozart son justificadas, pero los libros sobre Mozart no hacen sentir la música. Los libros sobre tradiciones no te hacen sentir el silencio.

Placa votiva con Buda sentado y asistentes, Siglo XI, Período Pala, terracota

¿Qué pasa con los recuerdos de vidas pasadas?

Estamos especialmente afectados por la memoria de esta vida. Pero el futuro nos afecta aún más que la memoria. El problema es el futuro. Liberado del futuro, el pasado ya no existe; no hay dirección, nada detrás de ti. Mientras haya una dirección, habrá un pasado.
Buscar liberarse del pasado es un desacierto pedagógico. Es más apropiado liberarse del futuro. Sin futuro, no tienes a dónde ir. Cuando buscas profundamente, encuentras que el propósito de tu búsqueda no puede ser un resultado, ni el resultado de nada. Uno no puede «ir a», sino únicamente abrirse a la no-forma.
Liberado de cualquier sistema de querer llegar a algo, quedas libre de cualquier actividad. Entonces, giras la cabeza, no tienes pasado. Estos momentos de apertura abarcan nuestras vidas pasadas que están aquí y ahora; nunca han estado en el pasado. Las vidas pasadas o futuras están en el instante. Abandonas el elemento psicológico porque es la psicología la que piensa en términos de pasado y futuro. La experiencia es sólo en el instante.
Deja el pasado como es y ve realmente lo que eres. La búsqueda orientada a librarse del pasado es interminable. El pasado siempre tiene antecedentes, siempre puede ir más lejos. La horizontalidad es infinita. En la sensibilización corporal, estamos más y más atentos todos los días, nos sentimos más y más, vemos más y más, es interminable. Cuando el cuerpo nos abandone, nunca habrá explotado todo su potencial, no es posible. Esta búsqueda es una pérdida de energía.
No hay nada en qué convertirse. En ese no-devenir, hasta cierto punto, la sensibilidad despierta a lo que es funcional. Pero querer volverse sensible es todavía un devenir, una intención, una sensibilidad dirigida que excluye.
Mantente unos instantes, en un momento del día, sin futuro. Mira lo que pasa, cómo reacciona tu cuerpo. Esto tiene un impacto colosal tanto a nivel corporal como psicológico.

¿Cómo puede un terapeuta transmitir el silencio?

Olvidándolo completamente. Cuando alguien sabe que ha sentido el silencio, hay obstáculos. Te haces disponible a lo que se presente. Es la situación la que trae la actitud correcta. Si el terapeuta ha sentido el silencio detrás de estos movimientos, por debajo de este supuesto saber, independientemente de su devenir, nunca se referirá a él adecuadamente. Cuando él te dice: «Yo conozco el silencio, yo conocí el silencio», esto es un concepto, es la memoria. Cuando ya no nos movemos hacia este presentimiento, podemos decir que el presentimiento trae una forma de simplicidad en la vida. Podemos tener problemas, pero nunca es problemático. El paciente no es diferente de nosotros mismos. En tu sensibilidad, no sabes nada, no quieres nada. El cuerpo del paciente está completamente actualizado en su no saber. La más mínima idea de querer transmitir este presentimiento de silencio, de ser un terapeuta espiritual es una tontería. En la no-referencia, cualquier cosa puede ser expresada. Cuando no te refieres a este presentimiento, él se expresa constantemente.
Sólo puedes memorizar la expresión de este presentimiento, nunca el presentimiento mismo. Cuando dices: «Me sucedió en este o en aquel momento», es la memoria la que interviene. Cuando vivimos profundamente en el instante, no pasa nada, no llega nada. Esta no-dirección puede florecer en nosotros sólo en ausencia de dirección, de memoria. En ese momento, el cuerpo, la psique, ya no son circuitos cerrados y, por lo tanto, pueden integrarse.
El paciente, según su capacidad, participa de la misma libertad que tú sientes. Transmitir a un paciente algo es, en última instancia, violencia e imposición. No hay nada que transmitir. Uno sólo puede transmitir intenciones y preparativos para un acontecimiento. El asombro no se transmite. Cuando experimentamos el asombro, no pertenece a una persona en particular. Es todo el entorno el que participa de este asombro. Por esta razón un poco rudimentaria, ciertamente, el hecho de irse a recoger a la cueva donde vivió Ramana Maharshi puede estar justificado, pero, tarde o temprano, ya no te preocupará más.

Shiva sentado con Uma (Umamaheshvara) Siglo XI Dinastía Thakuri, escultura en bronce, Nepal (Kathmandu)

No obstante, ¿consideras que hay muchas tradiciones?

El silencio no es cristiano, ni sufí ni hindú, ¿por qué definir siempre? ¿Por qué separar siempre? Es sólo el miedo, la necesidad de pertenecer a una u otra tradición, lo que nos hace aceptar la que se adapta a nuestros prejuicios, y rechazar otra que no corresponde a nuestra sensibilidad. No nos acercamos a una tradición como quien hace la compra. No elegimos una tradición, es ella quien finalmente la que nos desliza en su corriente cuando se abandona toda dirección. La condición es el instante, la mirada no implicada. Todo lo demás ha sido añadido. La tradición vive sólo en este instante, a salvo de todo futuro. El resto es tradicionalismo.
La tradición no tiene historia, ni pasado, ni futuro, ni representante. No hay quien la encarne: es el estado de asombro. Nada más puede representarla.

Antes dijiste algo muy hermoso sobre el hecho de que no es tanto el pasado lo que constituye un problema, sino que el obstáculo es depender del futuro. En ese sentido, ¿la palabra «tradición» se hunde sobre todo en el pasado?

Sí. Finalmente, no podemos pensar en el pasado sin proyectar un futuro. Hay una corriente que vive en el instante. Quien la vive no puede saber objetivamente que la vive. Por supuesto, la expresión de las tradiciones incluye ciertas tonalidades, pero el pigmento esencial que cubre a todas ellas es el del silencio. Si uno se fija en un color particular, se convierte en un cometido. El acercamiento a la libertad no debe convertirse en una búsqueda de información. La información es siempre para manejar algún futuro.

En la práctica corporal, hablamos de sensaciones, percepciones, para estar atentos. ¿Podemos saber qué nivel de nuestra corporalidad aborda cada uno de estos aspectos?

La corporalidad no tiene niveles. Los niveles pertenecen a la mente, a la intención. Es el miedo el que crea el concepto de ‘nivel’, el que crea la dirección para ir a algún lugar. Desde el punto de vista del sentimiento, no hay a dónde ir. Todas las direcciones pertenecen a la mente. Los conceptos y los enfoques espirituales pertenecen a la mente. Es un alejamiento. Desde el punto de vista de este sentimiento, nos entregamos claramente a la evidencia. En ese momento, todo reclamo de ir hacia cualquier futuro es disipado. El cuerpo del deseo, el cuerpo del miedo, el cuerpo de la ansiedad son eliminados. Cuando estos cuerpos se reabsorben, aparece otro cuerpo, un cuerpo de elasticidad, de luz, de silencio: el cuerpo adámico.
El cuerpo no se refiere al psiquismo, ni a querer ser algo o alguien, porque querer ser algo o alguien es una dirección, una intención. Durante la sensibilización corporal, estás en un «no sé». Es en este momento cuando los cuerpos esquemáticos se refieren a su origen, que es esta no-intención. Entonces estos cuerpos esquemáticos se despertarán. Su parte más sutil refleja claramente el silencio. En el enfoque, o falta de él, de la tradición de Cachemira, la práctica corporal consiste única y conscientemente en entregarse a esta no-dirección. En ese momento, todo aparece.

Manjuvajra-Mandal, Siglo XI, Período Pala

En lo que has dicho recientemente, no mencionaste la palabra «sensación», ni la palabra «percepción». Puede que todavía haya una distinción en el no-enfoque?

Estas son palabras que apuntan a algo. El cuerpo es sólo sensorialidad. El mundo en sí no existe. El mundo se ve, se percibe, se escucha y se siente. El cuerpo es sólo un sentimiento. No se piensa a sí mismo, no se comprende a sí mismo. Es en esta no-expectativa, esta no-dirección donde puede operar una mirada espiritual, en la simplicidad de evocar lo que está allí. El vocabulario tiene muy poca importancia. Debemos liberarnos de toda precisión de vocabulario, de todo lo que sea un concepto. Ahí no hay lugar para ningún movimiento, para una comprensión, para llegar o para despertar. La percepción despierta y se reabsorbe en lo escuchado. Permaneces a sabiendas en este silencio, libre de toda forma.

Cesar el cuestionamiento no es necesariamente una no-voluntad para llegar a nada. No debemos dejar de preguntar porque se nos diga que, al preguntar, vamos hacia algo. Al no cuestionar, todavía podemos seguir en una dirección, en el sentido de que todavía queremos lograr algo. ¿Pero podemos llegar allí sin cuestionar?

Claramente. Es la vida la que nos cuestiona. Cuestionar es una falta de perspectiva que revela que hay un problema. Nuestro cuerpo lo va a notar. No hay nada que hacer. La vida se encarga de dispensar el cuestionamiento necesario. Estas son las cosas que te atraerán, es la vida la que te llama, te pregunta, te sugiere, te ruega que mires, que escuches. El cuerpo, la sensación, se imponen de manera natural.
La estructura de los huesos, los nervios, cada elemento fisiológico nace y está elaborado de sentimiento. El mundo es sentido. No tienes absolutamente nada que hacer para sentir, únicamente te das cuenta de que uno camufla, se atonta, se resiste a este sentimiento.
Vivimos en una proyección. El sentimiento se refiere al momento. En el momento, no hay dirección. Es en la no-dirección donde este sentimiento puede ser realmente expresado. Cuando vamos hacia algún lugar o vivimos pensando, el sentimiento es limitado. Cada paso, cada dirección limita inmediatamente el sentimiento, lo transforma en objeto, lo reduce a una expresión caricaturesca. Es sólo una cuestión de espera sin esperar nada, de estar disponible. Cuando abandonas el cuestionamiento, es la vida la que te cuestiona.
El Maestro Eckhart habla del hombre que no sabe nada, que no tiene nada ni quiere nada, esta humildad se convierte en la base de toda transformación.
Sólo podemos referirnos al pasado. No podemos concebir lo nuevo. Cualquier perspectiva que trates de establecer sólo puede proyectar el pasado. En ciertas tradiciones que no quiero nombrar, el concepto de despertar no es más que la proyección de lo conocido vestida de posibilidades, transformaciones, rejuvenecimientos infantiles.
Es en esta humildad, de la que habla el Maestro Eckhart, donde uno se da cuenta de que todo lo que emprende siempre nos devuelve al origen de la empresa. El origen de la empresa es la ausencia de contenido. Lo que viene de la carencia vuelve a carecer.
A menudo, el pseudo-camino espiritual consiste en aumentar las capacidades físicas, psíquicas y espirituales de una persona de acuerdo con el estilo de cultura en el que surge. Esta dilatación, que se presenta como lo esencial, siempre conduce a un estado de carencia. En esta escucha de la que hablamos, uno se da cuenta de que funciona como una máquina, como un sistema. Un no-saber no anticipa un conocimiento, no proyecta un conocimiento, tampoco es un medio: sólo hay una mirada sorprendida. De esta manera, lo que se llama el mundo, el cuerpo, ya no es una explicación. Es el cuerpo lo que se revela en ti. Esta humildad es la base de toda percepción.

¿Cuál sería una verdadera disposición?

Una disposición verdadera es percibir que todas las disposiciones retornan a la memoria, que, en todas las disposiciones, lo que absolutamente va a ser liberado es el miedo, que es quien rechaza constantemente el instante presente. De algún modo, estamos tratando de alcanzar un despertar. Es una estrategia como cualquier otra. En nuestra actitud de constatación —donde no se encuentra lo que buscas— la energía, que rebulle constantemente en estado de vigilia, es utilizada para atraer, prevenir, atrapar, calmar. Este apaciguamiento permite la posibilidad de intimar con este no-saber. En Oriente se llama escuchar, que es la forma de decirlo más popular. Es en esta escucha donde se resuelve todo lo que podría ser conflictivo, reducible a concepto. Es una mirada que no se ve. Toda percepción apunta a esa mirada. La disposición es una profunda convicción de que lo que uno está buscando no está en un plano fenoménico.
En un momento del día, quédate libre de toda dirección. Toma consciencia de la tendencia que tenemos de estar siempre en algún lugar, haciendo proyectos. Permanece unos instantes sin hacer nada, sin meditar ni hacer esto o aquello, sin hacer realmente nada. ¿Qué pasa cuando no hacemos nada, cuando no somos nada? Que todo está hecho. El cuerpo, que ha sido continuamente atosigado, comienza a hablar. Para que él hable, hay que callar. Mientras exista una dirección, la dirección amordazará el cuerpo. En ausencia de dirección, el cuerpo se convierte en lo que es: un cuerpo sin referencia. De instante en instante, escuchar el cuerpo no tiene pasado, no tiene futuro.

¿Es como empujado por una energía de fondo?

Sí. Hay una energía de celebración, no una energía de desarrollo.

¿Esto no es la iluminación?

Es la humildad, el presentimiento de la no-dirección, es un no-acontecimiento. Todo lo que pasa forma parte de la intención, de la memoria. Es una apertura que, por otro lado, está en el origen de la memoria, del acontecimiento. Un acontecimiento no puede significar dicha apertura. El origen de la búsqueda espiritual es esta apertura que permite que la belleza se exprese, se despliegue. Es un no-saber que permite que el presentimiento florezca en el espacio-tiempo. La búsqueda espiritual es la expresión de la humildad.
La creencia de que esta apertura, esta humildad, son el resultado de un proceso, es mera caricatura. No podemos comprar el silencio, ni atrapar la alegría.

Mujeres danzando. Mezcla de estilos mogol y rajput, aprox. de Siglo XVIII

¿Por qué siempre sugieres vivir «sensorialmente»?

La única manera de liberarse de una perturbación emocional es sentirla. En general, los seres humanos piensan en su emotividad; en este nivel, la libertad no es posible. Es en el ámbito del miedo, la ira, la ansiedad, los celos o la culpa donde la emotividad es liberada. La emotividad es corporal.

¿Es ella tan mental?

La mente es una expresión del cerebro. El pensamiento tiene su propia belleza, pero no tiene la capacidad de liberarnos de las emociones. El pensamiento puede posponer ciertos elementos, pero no puede llevar a una verdadera integración de la emotividad. Puedes leer un hermoso libro sobre Zen, convertirte en budista y olvidar temporalmente tu enojo o ansiedad, pero las emociones volverán. Ahora bien, si te vuelves disponible sensualmente, realmente habrá una apertura para las emociones.
Por supuesto, el pensamiento tiene su lugar, pero el pensamiento que proviene de la emotividad está contaminado. La espiritualidad de moda propone este o aquel ejercicio para liberarse de la emotividad; esto viene de un pensamiento contaminado. Un pensamiento que viene del corazón profundo expresa la hermosura de las cosas. La emoción fundamental de ser coexiste, pero no está sujeta a la restricción de ser una persona. El pensamiento que emana del corazón es accesible sólo en libertad frente a su propia emotividad.

Al escucharte, surge un problema: el de mantener la idea de ser alguien. Si el problema es tal, ¿cómo pueden las personas sensibles y sensatas llegar a tener una idea semejante?

Desde el punto de vista de la India tradicional, un ser sensato no se refiere a la imagen de ser una persona. Este es el valor fundamental de estas gentes. En las sociedades modernas, un hombre sensato es aquel que logra hacer una fortuna. Es a él a quien se le pide consejo: es visto como un hombre realizado. En Oriente, un hombre sensato está libre de sí mismo. Es por eso que en el arte oriental se puede ver un rey inclinado ante un asceta.

Cuando hablas de la India tradicional, es muy hermoso, pero ese rincón del planeta no parece estar haciéndolo mejor que en Occidente…

Tienes razón. No es una cuestión de poder o de política, sino de la estructura interna de la sociedad india. Cuando una estructura social ha sido violada durante siglos, ha sido prohibida por los musulmanes y los ingleses, no puede sorprendernos demasiado la falta de brillantez de su fuerza original. En la actualidad, las personas en el poder en la India han sido fabricadas por sociedades modernas, por universidades inglesas. No hay nada natural en ello. Por supuesto, el indio no es más espiritual que el canadiense, el quebequense, el estadounidense o el finlandés. Yo hacía referencia a una sociedad tradicional cuyo fin gravitaba en la liberación de uno mismo, en lugar del éxito financiero. En las sociedades europeas o americanas, el éxito consiste en la posesión. No es una crítica, es una constatación. Uno puede vivir en una sociedad sin apropiarse necesariamente de los conceptos políticos, morales o filosóficos, como tampoco debería apropiarse de los conceptos de la sociedad india.
Todas las sociedades tienen sus conceptos, sus debilidades y sus injusticias, así como sus cualidades y, en el fondo, eso no cuenta. Lo que finalmente es conveniente es aquello que tiene la capacidad de estimular una búsqueda profunda en nosotros, y eso no depende de la sociedad. No tenemos que aceptar o rechazar esta o aquella sociedad; aunque uno puede preguntarse por qué esta o aquella sociedad está siempre en guerra, inmersa en revueltas, o por qué siempre expresa restricciones. Una persona sensible es una persona sin referencia, y eso no depende de un contexto social, cultural o político.

¿Cómo explicas que un erudito capaz de escribir sobre las grandes tradiciones orientales, también pueda inclinarse ante un gurú cualquiera?

La cuestión no es que un hombre se haya graduado en grandes universidades, entienda perfectamente el sánscrito y haya demostrado su competencia para traducir textos de la India de manera sensible, mostrando por tanto una verdadera madurez. Puede ser competente, creativo en su terreno, pero ser emocionalmente inadecuado. El pensamiento, incluso en el nivel abstracto, no está relacionado con la afectividad. Indaga en la vida de los grandes científicos y verás. La India tradicional no separa el pensamiento de la afectividad. Lo que hace vivir al ser humano es la emoción, no el pensamiento. Es sólo cuando uno está abierto a las emociones fundamentales, cuando el pensamiento puede ser portador de emoción, de luz y belleza. El pensamiento no permite nada, es una degeneración. Una persona sensible es alguien que vive en armonía con sus emociones: conoce sus miedos, sus ansiedades, sus celos, sus culpas, y está completamente en paz con ello. Cuando alguien se abre a sus emociones, deja sus extensiones patológicas, se vuelve poético. En lugar de tener miedo de su miedo, escribe sobre el miedo, pinta sobre el miedo, hace música sobre el miedo.
El pensamiento no tiene lugar en la comprensión. Como decimos en Oriente, la comprensión es ser la comprensión misma; nada se comprende, nadie comprende. Ser la comprensión no está relacionado con el pensamiento, es una emoción fundamental. Todo lo que ha sido escrito por los maestros de las grandes tradiciones ha surgido de esta no-referencia. Cuando lees el sermón Beati pauperes spiritu del Maestro Eckhart, encuentras que este texto proviene del no-pensamiento. Todo lo que es muy profundo en la vida nace de una emoción. El pensamiento es sólo una herramienta: cuando el pensamiento es funcional, tiene su propia belleza; pero cuando sale de su contexto funcional, se convierte en un obstáculo.

Shiva como Mrityunjaya, El conquistador de la muerte, escultura en piedra negra, Siglo XII, India Oriental

¿Puedes hablarnos sobre la relación maestro-discípulo?

No hay relación ya que no hay maestro. En Oriente, uno llama «maestro» a alguien que no tiene ninguna referencia de sí mismo. Pensarse a sí mismo como un maestro introduce una referencia. Sin una imagen de sí mismo, no toma a la persona que viene a verlo por un discípulo. Por tanto, debido a que no es tomado por nada en particular, el discípulo abandona la idea de ser un discípulo. La imagen del maestro está vinculada a la del discípulo y la del discípulo a la del maestro. Toda imagen o idea es una limitación.
Cuando un discípulo no es tomado por discípulo, ya no toma a su maestro por maestro; queda libre de estas imágenes. Fundamentalmente comprende la no-diferencia, la unidad. No hay relación posible. La relación maestro-discípulo es una forma de romanticismo. Obviamente, esto existe en la enseñanza del yoga, en la enseñanza de la música o la pintura. En el arte del yoga, hay transmisión. Se transmite información, un ánimo, una energía, una capacidad. Para aprender piano, poesía, pintura, un maestro da consejos. Se nace músico o poeta; en Oriente hay que aprender las reglas del arte de la poesía como se aprenden las de la música. ¡Es verdaderamente un arte, porque aprender a expresar, estudiar cosas sin referencia, sin manera, es un arte!
En lo que concierne a nuestro ser profundo, no hay nada que transmitir porque no está en el exterior. La relación maestro-discípulo es imposible en este nivel. El maestro es el que tiene esta profunda convicción de que no es nada, de que no sabe nada y no quiere nada. Cuando una persona llega a visitarlo con su procesión de proyecciones, el maestro iluminará gradualmente, desde el punto de vista de la no-referencia, las diferentes etapas de la vida del discípulo. El discípulo se referirá cada vez menos a su propia opinión, a sus propios conceptos. Surge una situación y es referida a la totalidad. Lo que el discípulo encuentra en el maestro es a él mismo. De modo que nada se le puede transmitir. Esto no tiene nada que ver con todo el romanticismo, todas las emociones, las lágrimas, todos los balbuceos que uno encuentra en la India pseudo-tradicional.
El enseñante enfatiza en el alumno la autonomía, la no-diferencia, el silencio entre las percepciones, entre los pensamientos, entre los estados. En ese momento, el estudiante se da cuenta de que no es el cuerpo, la mente o la sensorialidad. El docente le recordará que el cuerpo, el espíritu, viven en la conciencia, en el espacio. Es por esto que un verdadero alumno no puede presentarse como alumno de un maestro. Un verdadero alumno no sabe que él es el alumno de un maestro; si lo sabe, no es un verdadero alumno: todavía hay una referencia. Un verdadero maestro no tiene discípulos porque no se toma por un maestro. Un maestro que tiene alumnos, un alumno que tiene un maestro, sigue siendo un circo. Esto tendrá un valor en el arte, en el yoga o en la educación musical, pero no en la búsqueda fundamental.

La experiencia de lo sagrado, sin embargo, inspira el don del corazón, una relación devocional a veces con un maestro…

Lo sagrado es una no-experiencia que está en el origen de toda experiencia. Uno nunca puede experimentar lo sagrado porque es la esencia de las cosas. Puedes experimentar lo no-sagrado, pero no puedes experimentar lo sagrado.
Puedes ver conscientemente todo lo que es profano en ti: la intención, la codicia, todo lo que está por llegar a ser, pero nunca puedes ver en ti lo que es fundamental, lo que es sagrado. Porque no es un objeto de experiencia: es la luz que preside todas las experiencias. Por eso nunca puedes decir: «Lo sé, lo conozco.» Cuando dices: «No lo sé, no lo conozco», te refieres a ese profundo conocimiento que nunca puede ser un objeto. Pero cuando dices: «Lo sé», insultas a lo sagrado, que no es un conocimiento reducible a idea. La devoción es una expresión de lo sagrado, pero no es un medio. Cuando tienes una profunda sensación de silencio en ti, te sorprenden las expresiones de ese silencio. En un plano fenoménico, es cierto que encontrarás que ciertas expresiones están más cerca que otras del silencio. Las músicas, los lugares y los seres nos permiten sentir más silencio. Tu afecto, tu simpatía por estos lugares, por estas gentes, por estas músicas, puede llamarse devoción, pero en última instancia hacen referencia a lo que está detrás de estos elementos.
Lo que dices es cierto, pero no proviene de una relación personal. Cuando estás deslumbrado por un templo, una música, una obra de arte, estás atrapado por lo que titila detrás de la música o el templo. Si te encuentras con un maestro, no es la persona que expresa la verdad lo que te toca, sino la verdad por debajo de la persona. En la India, cuando tocas los pies de un gurú, no te inclinas ante una persona, sino ante la verdad. Una reverencia a Sri Nisargadatta Maharaj, Ananda Moyi, Gopinath Kaviraj tenía sentido. Sin embargo, cuando conocí a mi maestro en Europa, este gesto quedaba fuera de lugar. La expresión de respeto depende del contexto en la que se vive. El verdadero respeto es a la unidad, es sentirse «uno» con lo que respetas.
En ese momento todo se convierte en tu maestro, todas las percepciones son una extensión de la conciencia: todo lo que escuchas, ves, tocas, no es otra cosa que eso. En un momento dado, la devoción que tienes por un maestro, por un templo, por un dios o por una música, surgirá libre de toda reducción a un objeto; entonces tendrás esta devoción por todos los seres, por todos los dioses y por todos los sentidos porque, profundamente, no habrá diferencia entre ellos.

¿El respeto es parte del acto de adoración?

Es un respeto por la vida, por el silencio que se ha sentido y no por la cosa en sí misma. Todo lo que nace muere. Cuando respetas una forma, no es la forma en sí lo que respetas, sino lo que está por debajo, lo que es eterno. El respeto es únicamente por el presentimiento del silencio. Por extensión, por supuesto, respetas todas las expresiones del mundo: animales, plantas, humanos. Son la prolongación de la vida. Trata a tu prójimo como tratas a tu maestro; lo contrario demuestra que algo no está claro en ti.

Cuando hablas de auto-descubrimiento, sin embargo, dices «mi maestro», ¿cuál es el sentido?

No tiene sentido.

¿La unión del «testigo» frente a las emociones tiene una relación con el maestro y el discípulo? Detrás de las emociones, ¿estaría el sí-mismo?

Si dejas la emoción completamente libre, tarde o temprano se referirá al silencio. La relación maestro-discípulo es informulable.
No puedes explicar qué es el amor. Es un sentimiento de unidad que no se refiere a una cosa, un contexto o una situación. El maestro es quien te hace sentir esta no-diferencia, quien te libera de la idea de ser algo. Cuando vas a verlo con prejuicios sobre la vida —el principal prejuicio es el de que hay una meta que alcanzar, algo de lo que tienes que liberarte— el maestro te muestra que lo que eres profundamente no está en un devenir, no está por delante de ti. Dondequiera que vayas, hagas lo que hagas, sólo darás con un concepto, sólo encontrarás la memoria, constantemente volverás tu cabeza hacia otro lugar y no verás lo que está detrás de ti. El maestro no te trae palabras o explicaciones, sino su silencio. Al principio, lo más llamativo es su silencio, después este silencio se convierte en tu silencio. Por tanto, es en ese silencio donde hay transmisión: nadie transmite, nada se transmite sino que hay transmisión. Un maestro que habla, aconseja, explica, eso siempre será algo añadido, porque su verdadera función es estimular en ti este silencio. A veces usará la palabra, el gesto, pero cuando te alejas de él, te quedas en este silencio. En un momento dado, no necesitarás ir a verlo porque el silencio estará presente. Te sientas en tu habitación y el silencio está ahí. Tu maestro también está allí, no como persona, sino como silencio. Lo sabes sin saberlo.
Cuando eres el alumno, no lo sabes objetivamente. ¡Un profesor nunca te dirá: «Ahí estás, tú eres mi alumno!» ¡Esto es completamente artificial! Él nunca define las cosas. Él es tu amigo. No necesariamente tenemos que hablar entre nosotros, o incluso conocernos; está bastante más allá de los términos fenoménicos. Él no está sorprendido de conocerte. Cuando lo dejas, en cierto plano, él no te deja. No está relacionado con lo que aparece o desaparece. No tienes que reconocerlo. Cuando dices «Ahí está, ese es mi maestro», y pones su foto sobre tu escritorio, esto sigue siendo artificial, una forma de romanticismo.
Estas cosas deben evitarse, puesto que siguen revelando un intento de situarse en algún lugar. Pertenecer a una tradición, recibir una enseñanza es todavía una programación. No hay nada que recibir y nada que seguir. Regresa a casa. No eres nada. En esta nada, todo lo que es necesario se actualiza. No hay accidente. No debes buscar algo; todo lo necesario está a tu alrededor. Permite que el silencio se actualice.

Combate de elefantes – Pinturas de Rajput del siglo XVII

¿Cómo puede uno tener confianza en sí mismo con todo lo que está sucediendo en la sociedad en este momento?

Tienes que confiar: no confianza en tu persona, sino confianza. Es nuestro juicio, nuestra opinión lo que hace que la sociedad parezca oprimirnos y limitarnos. La sociedad es lo que creamos en cada momento. En nuestro sentimiento de sociedad, concretamos de una forma u otra la ira, el miedo, la ansiedad presente en nosotros. La confianza es el presentimiento de lo divino. No puedes confiar en ti. Un «sí-mismo» siempre debe ser cuestionado.
La confianza en uno mismo es una mala dirección. Sólo confía, ten la misma confianza que cuando te acuestas. Cuando te das a un sueño profundo confías, abdicas completamente. Cuando te levantas por la mañana, tienes la misma confianza en el día, no confiar en que el día se desarrolle según el diseño de lo que pretendes, por supuesto que no, pero sí en que todo lo que ocurre participa del flujo de la vida. Estás abierto, sin comentarios, sin querer cambiar nada. Entonces ves que lo que parecía injusto, aberrante, monstruoso en la sociedad, no podía ser de otra manera.

Mahakala, Siglos XI-XII, Período Pala, escultura en piedra negra

No puedes expresar a cada momento lo que eres. Todo tu cuerpo, tu psique, toda tu estructura expresan constantemente el silencio. Generalmente, bloqueamos esta expresión. La naturaleza del cuerpo es la salud. La naturaleza de la psique es la tranquilidad. La naturaleza de tus sentidos, muy profundamente, es la admiración, la adoración. Cuando acentúas este o aquel elemento, te tomas por una entidad personal; cuando te enfocas en lo personal en lugar de adorar lo esencial, adoras objetos, seres, situaciones. Entonces se pervierte la coloración. En lugar de respetar los objetos, respeta el origen de los objetos. Cuando te liberas de la idea de ser cualquier cosa, cuando te entregas a ti mismo en el día, cuando no eres absolutamente nada, sin futuro, sin ser, ves la naturaleza profunda de la devoción, de la adoración, que es la esencia del cuerpo y la psique, cobras vida. Constantemente expresas asombro, expresas amor en todas sus formas, porque todas las formas celebran lo que no tiene forma. El amor de todos los sonidos y todas las músicas celebra el silencio. Es sólo en esta profunda comprensión, cuando no tienes un ser, que esta expresión se hace posible. De lo contrario, adoras objetos o situaciones, y es una forma de perversión. La naturaleza profunda del cuerpo y la psique es la celebración. La expiración es ofrenda, danza. Ofreces lo que no eres al silencio. Este silencio se refleja en forma de gracia en toda su estructura. De ese modo, la respiración es constantemente esta ofrenda y este retorno. Toda la estructura del cuerpo se basa en ese intercambio. El pensamiento no intencionado, que surge del silencio, es la adoración, ya que todos los intérpretes de las diferentes tradiciones siempre han escrito alabanzas, incluso maestros no dualistas como Shankarāchārya o Abhinavagupta.
La esencia de sus trabajos siempre ha sido un elogio para lo que son, porque a nivel fenoménico el elogio es la máxima expresión. Para que esta alabanza se vuelva consciente, debemos dejar de alabar lo que es relativo, limitado. Cuando uno vive en un devenir, elogia objetos, exalta situaciones; en ese momento, realmente no hay lugar para expresar lo que somos. En ausencia de una imagen de ti mismo, encuentras todo el espacio para expresarte sin restricciones.

Ya has dicho que todos tienen un rol, ya sea de barbero o de filósofo. ¿Cómo sabemos qué rol tenemos que jugar?

En ningún momento podrás evitar el desempeño de tu rol. Lo que hagas en el instante es apropiado. No eliges el cuerpo que tienes, ni la morfología de tu rostro. En la vida, no has elegido tus enfermedades, tus éxitos, tus fracasos. Todo te es dado. Respecto a tu rol es lo mismo. No puedes convertirte en esto o aquello. Cuanto más vivas de acuerdo con tus posibilidades, con lo que es sensible en ti, más te liberarás de los prejuicios de la sociedad moderna, que quiere que sus miembros se conviertan en masas con objetivos económicos. Cuanto más te pongas a disposición de la sensorialidad, más te liberarás de todos los juicios y todas las ideas que constituyen la esencia de esta sociedad moderna. Entonces encontrarás en ti habilidades descuidadas por nuestra sociedad. Estas capacidades podrán expresarse poco a poco. Al vivir de acuerdo con tu sensorialidad, en un momento dado podrás encontrar tus verdaderas cualidades. En última instancia, lo que estás haciendo en este instante es lo correcto. Cuando pones la escucha de ti mismo, de tu mecanismo, en la medida que ves cómo funciona, puedes descubrir tus habilidades.
Es necesario vivir en disponibilidad con tu entorno fisiológico, sentir tu cuerpo, no el cuerpo que te gustaría tener o el que rechazas, sino el que está ahí en el momento presente.
Acuéstate y deja que el cuerpo te hable. En tu silencio, el cuerpo se expresará. En ese momento, ves todo lo que ha sido bloqueado, todo lo que ha sido pospuesto por la moda, por el gusto, por todas las patologías de nuestras sociedades. Es sólo en tu escucha sin referencia cuando tu potencial puede ser actualizado. Si vivimos en la superficie de las cosas, el potencial permanecerá sólo como potencial.
Desde el punto de vista metafísico, tenemos toda la energía del mundo a nuestra disposición, pero en un plano práctico no. Tu singularidad tiene una serie de habilidades únicas. Tu rol es abrirte a estas cualidades. Te das cuenta de tu vitalidad, pero no en función de la vitalidad que te gustaría tener. Es así como darás a tu cuerpo el alimento que le conviene. También darás a tu cuerpo las músicas, las lecturas, los olores que le convienen porque estarás disponible con lo que está allí. No proyectarás más lo que deberías ser, dejarás de querer esto o aquello. En este momento, verás si tu potencial incluye ser un barbero o un banquero.
No eres tú quien elige tus capacidades. Reflejas una totalidad que necesita de todas las expresiones. No hay jerarquía a nivel de funciones: el criado y el señor cumplen el mismo rol, uno existe en función del otro. Cuando el cuerpo te abandone, el criado y el señor se refundirán en el mismo plano. A nivel del mundo fenoménico, la posición última es la de criado. Para permitir que algunas personas sean sirvientes, otras deben desempeñar el rol de ser servidas. No hay elección.
Es únicamente al aceptar tus riquezas o tus limitaciones, cuando se hace una aclaración. Pretender convertirte en esto o en aquello, es lo que te retiene en la superficie.

Traducción del francés por Varuna


Sin ningún tipo de título o cultura, Éric Baret no tiene ninguna competencia especial. Conmovido por la tradición de la no-dualidad a través de las enseñanzas de Jean Klein, propone la vuelta a una escucha libre de cualquier noción de ganancia. Nada que aprender, nada que enseñar…
Influenciado por el Shivaísmo de Cachemira, da charlas de advaita vedanta y espiritualidad en Europa y Canadá.


La presente conversación se recogió en el libro «Le sacre du dragon vert: Pour la joie de ne rien être», de la editorial Almora (2007), sin traducción al español todavía. 

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